Decía Heráclito de Éfeso “Nadie se
baña dos veces en el mismo río”, hermosa metáfora para figurar “el cambio”.
No creo tener mejores recuerdos cuando niño,
que cuando disfrutaba de las idas a la playa y ya de regreso nos parábamos en
el río para quitarnos la sal y la arena del cuerpo. Para mi papá era una justa
petición ya que al final toda esa arena terminaba en la tapicería y alfombras
de su flamante Volkswagen chocado, pero lo que él no sabía, era que cuando me ocupaba de los menesteres de acicalamiento,
también estaba en la culminación perfecta mi día de playa, como lo era bañarme
en el rio. Mi papá siempre escogía un recodo de la carretera para parar el
carro que nos dejaba a escasos metros del río y con mucho cuidado y cuidando de
que no pasaran los endemoniados autobuses, cruzábamos la vía para encontrarnos ya
metidos en aquel nirvana. Su olor, su sonido, su temperatura y hasta su sabor
eran toda una experiencia.
Bien lo expresaba Víctor Hugo, ese
excelente poeta francés en su poema la fuente y el mar:
Gota a gota caía lentamente,
sobre las olas de la mar, sonoras,
desde las altas rocas, una fuente.
Y dijo la mar: -¡Oh, tú! que lloras
esas líquidas perlas,
¿por qué sobre mí vienes a verterlas?
Soy vasto, soy magnífico, soy fuerte...
Acabo donde el cielo al infinito
alza altivo sus bóvedas inmensas.
Soy grande, eres pequeña. ¿Acaso piensas
que yo te necesito?-
Y al mar dijo la fuente:
-lo que no tienes, que yo sí tengo,
sin gloria y sin rumor, modestamente,
¡oh, piélago profundo! a darte vengo.
¡Oh, no me rechaces imprudente!
En tus olas amargas y sombrías
no hay una sola gota transparente
que se pueda beber como las mías...
sobre las olas de la mar, sonoras,
desde las altas rocas, una fuente.
Y dijo la mar: -¡Oh, tú! que lloras
esas líquidas perlas,
¿por qué sobre mí vienes a verterlas?
Soy vasto, soy magnífico, soy fuerte...
Acabo donde el cielo al infinito
alza altivo sus bóvedas inmensas.
Soy grande, eres pequeña. ¿Acaso piensas
que yo te necesito?-
Y al mar dijo la fuente:
-lo que no tienes, que yo sí tengo,
sin gloria y sin rumor, modestamente,
¡oh, piélago profundo! a darte vengo.
¡Oh, no me rechaces imprudente!
En tus olas amargas y sombrías
no hay una sola gota transparente
que se pueda beber como las mías...
Aun así hay ejemplos curiosos, el Rio
amazonas desemboca en el océano atlántico al norte de Brasil, pero vierte tanta
agua en él que, a más de 160 kilómetros en mar abierto, frente a la
desembocadura, podríamos perfectamente tomar agua potable del océano y más
curioso aun es que este río nace en Perú exactamente a los mismos 160 Kilómetros
del océano pacífico. Es decir lo que no pudo quitarle a la tierra en Perú, se
lo quita al mar en Brasil.
“Nadie se baña dos veces en el mismo
río”, es cierto… Pero es que tampoco puede hacerlo dos veces la misma persona, son
tan esporádicas las visitas a los ríos
que jamás volveremos a ser ese niño o ese púber o ese galán que alguna vez disfruto
de un buen baño de río.
¿y tu, cuándo fue la última vez que
te bañaste en un río?