Dijo una vez un gran filósofo llamado Tomás Aquino:"Para aquél que tiene fe, ninguna explicación es necesaria. Para aquél que no tiene fe, ninguna explicación es posible." Lo que me lleva a la conclusión de que las explicaciones nunca son necesarias. “creo en la amistad como el invento más bello del hombre […] Y en fin, creo en mi mismo, puesto que sé que hay alguien que me ama” Aquiles Nazoa. Cineasta, cocinero e irreverente aprendiz de bloguero. Bienvenidos sean todos a Las cosa más sencillas.
sábado, 8 de diciembre de 2012
sábado, 29 de septiembre de 2012
martes, 11 de septiembre de 2012
domingo, 2 de septiembre de 2012
domingo, 26 de agosto de 2012
Juego de palabras
En
la escena final de la película La lengua de las mariposas, película que si no
han visto les recomiendo con carácter de urgencia, Moncho el pequeño
protagonista le espeta una sarta de insultos a su profesor cuando a éste lo
detienen por republicano en las vísperas de la guerra civil española. Los
improperios largados por el menor
fueron – ¡Rojo!, ¡ateo!, ¡Tilonorrinco,
espiritrompa!–, estas dos últimas fueron producto de una educación esmerada y
dedicada, y que de una manera muy inteligente el niño le hizo saber su apoyo
moral usando una clave que sólo ellos 2 entendieron.
Es
contraproducente sentir la agudeza literaria en medio de una acto vandálico
como por ejemplo un atraco, en donde la victima una vez pasado el mal momento
le contaba a las autoridades que el maleante en cuestión le amenazaba usando, a
parte de la consabida pistola, "una metáfora" que me pareció digna de un artista;
éste le decía, -no te me pongas comiquita, mira que le metí saldo al yerro-,
traduciré esto de una manera sistemática para que podamos entenderlo. En
Venezuela decir que algo es cómico no siempre quiere decir que es gracioso,
muchas veces se usa en un sentido irónico, por eso decir a alguien que no “se
ponga” cómico, payaso o comediante quiere decir que no intente nada heroico, ya
que el “yerro” (pistola) tiene saldo (Balas), esto último haciendo alusión a
los teléfonos móviles que se les puede meter saldo (ser recargados monetariamente) a través de
tarjetas expendidas por la compañía de teléfonos.
La
facilidad con la que los pandilleros venezolanos inventan ocurrentes frases
para referirse a los asuntos cotidianos de sus propias vidas, en honor a la
verdad, me llaman muchísimo la atención y siento cierto placer culposo por ello.
Sus reflexiones en algunos casos rayan en la genialidad.
No puedo dejar pasar esta oportunidad para contar lo que ocurrió una vez en una reunión de amigos a la que solía asistir todos los jueves en la noche para jugar dominó. Éramos un grupo variopintas que por razones que no recuerdo ahora, habíamos terminado jugando éste innoble juego en una cita semanal. Entre los asistentes había uno que lo apodaban lunar de perro. Nuca me atreví a preguntarle el origen de tan indeseado mote, sin embargo asumía que era por su prominente pelambre. Lunar de perro normalmente fungía como el sano del grupo, siempre se le veía tomando bebidas isotónicas, jugos naturales en infusiones de hierbas aromáticas en lugar de la tradicional cerveza. En una ocasión y luego de verme encender un cigarrillo, Lunar de perro comenzó a concientizarme de lo nocivo que era este feo vicio para mi salud. No dejaba de sacarme estadísticas que me hundían en el fondo más mísero de la insalubridad, además de computar una cuenta infame relacionada con el año en que comencé a fumar versus el valor de una cajetilla de cigarrillos, para llegar a la conclusión de que, si en vez de haber fumado hubiera ahorrado todo ese dinero, hoy en día sería poseedor de un flamante yate. A todos nos invadió el estupor, no teníamos palabras para defender tamaña delación; sin embargo en ese momento uno de los miembros de tan innoble reunión que se llamaba Maiquel le dijo en un acento clásico de pandillero: -Mira Lunar de perro, ¿y tú no fumas?-, lo que enseguida negó rotundamente nuestro apodado amigo, a lo que Maiquel espetó rápidamente, ¿y dónde está tu yate?.
No puedo dejar pasar esta oportunidad para contar lo que ocurrió una vez en una reunión de amigos a la que solía asistir todos los jueves en la noche para jugar dominó. Éramos un grupo variopintas que por razones que no recuerdo ahora, habíamos terminado jugando éste innoble juego en una cita semanal. Entre los asistentes había uno que lo apodaban lunar de perro. Nuca me atreví a preguntarle el origen de tan indeseado mote, sin embargo asumía que era por su prominente pelambre. Lunar de perro normalmente fungía como el sano del grupo, siempre se le veía tomando bebidas isotónicas, jugos naturales en infusiones de hierbas aromáticas en lugar de la tradicional cerveza. En una ocasión y luego de verme encender un cigarrillo, Lunar de perro comenzó a concientizarme de lo nocivo que era este feo vicio para mi salud. No dejaba de sacarme estadísticas que me hundían en el fondo más mísero de la insalubridad, además de computar una cuenta infame relacionada con el año en que comencé a fumar versus el valor de una cajetilla de cigarrillos, para llegar a la conclusión de que, si en vez de haber fumado hubiera ahorrado todo ese dinero, hoy en día sería poseedor de un flamante yate. A todos nos invadió el estupor, no teníamos palabras para defender tamaña delación; sin embargo en ese momento uno de los miembros de tan innoble reunión que se llamaba Maiquel le dijo en un acento clásico de pandillero: -Mira Lunar de perro, ¿y tú no fumas?-, lo que enseguida negó rotundamente nuestro apodado amigo, a lo que Maiquel espetó rápidamente, ¿y dónde está tu yate?.
Los
dejo con los que, a mi parecer son los “no se puede ser más” de la literatura
humorística, los caballeros del humor Les Luthiers.
domingo, 19 de agosto de 2012
Agua
Decía Heráclito de Éfeso “Nadie se
baña dos veces en el mismo río”, hermosa metáfora para figurar “el cambio”.
No creo tener mejores recuerdos cuando niño,
que cuando disfrutaba de las idas a la playa y ya de regreso nos parábamos en
el río para quitarnos la sal y la arena del cuerpo. Para mi papá era una justa
petición ya que al final toda esa arena terminaba en la tapicería y alfombras
de su flamante Volkswagen chocado, pero lo que él no sabía, era que cuando me ocupaba de los menesteres de acicalamiento,
también estaba en la culminación perfecta mi día de playa, como lo era bañarme
en el rio. Mi papá siempre escogía un recodo de la carretera para parar el
carro que nos dejaba a escasos metros del río y con mucho cuidado y cuidando de
que no pasaran los endemoniados autobuses, cruzábamos la vía para encontrarnos ya
metidos en aquel nirvana. Su olor, su sonido, su temperatura y hasta su sabor
eran toda una experiencia.
Bien lo expresaba Víctor Hugo, ese
excelente poeta francés en su poema la fuente y el mar:
Gota a gota caía lentamente,
sobre las olas de la mar, sonoras,
desde las altas rocas, una fuente.
Y dijo la mar: -¡Oh, tú! que lloras
esas líquidas perlas,
¿por qué sobre mí vienes a verterlas?
Soy vasto, soy magnífico, soy fuerte...
Acabo donde el cielo al infinito
alza altivo sus bóvedas inmensas.
Soy grande, eres pequeña. ¿Acaso piensas
que yo te necesito?-
Y al mar dijo la fuente:
-lo que no tienes, que yo sí tengo,
sin gloria y sin rumor, modestamente,
¡oh, piélago profundo! a darte vengo.
¡Oh, no me rechaces imprudente!
En tus olas amargas y sombrías
no hay una sola gota transparente
que se pueda beber como las mías...
sobre las olas de la mar, sonoras,
desde las altas rocas, una fuente.
Y dijo la mar: -¡Oh, tú! que lloras
esas líquidas perlas,
¿por qué sobre mí vienes a verterlas?
Soy vasto, soy magnífico, soy fuerte...
Acabo donde el cielo al infinito
alza altivo sus bóvedas inmensas.
Soy grande, eres pequeña. ¿Acaso piensas
que yo te necesito?-
Y al mar dijo la fuente:
-lo que no tienes, que yo sí tengo,
sin gloria y sin rumor, modestamente,
¡oh, piélago profundo! a darte vengo.
¡Oh, no me rechaces imprudente!
En tus olas amargas y sombrías
no hay una sola gota transparente
que se pueda beber como las mías...
Aun así hay ejemplos curiosos, el Rio
amazonas desemboca en el océano atlántico al norte de Brasil, pero vierte tanta
agua en él que, a más de 160 kilómetros en mar abierto, frente a la
desembocadura, podríamos perfectamente tomar agua potable del océano y más
curioso aun es que este río nace en Perú exactamente a los mismos 160 Kilómetros
del océano pacífico. Es decir lo que no pudo quitarle a la tierra en Perú, se
lo quita al mar en Brasil.
“Nadie se baña dos veces en el mismo
río”, es cierto… Pero es que tampoco puede hacerlo dos veces la misma persona, son
tan esporádicas las visitas a los ríos
que jamás volveremos a ser ese niño o ese púber o ese galán que alguna vez disfruto
de un buen baño de río.
¿y tu, cuándo fue la última vez que
te bañaste en un río?
jueves, 16 de agosto de 2012
Hace un par de meses y por un impulso quizás un poco
irresponsable, compré un Iphone 4S. Deslumbrado por su tecnología sucumbí a una
de las cosas que menos me gusta hacer, dejar de usar algo que funciona
perfectamente por otra más costosa sólo porque la empresa que lo representa lo
sabe vender bien. Y creanme que Apple sabe vender bien. Pues el daño está hecho
y por más que intenté resarcir mi error tratando de cambiarlo ya era tarde por
haber accedido a una oferta especial. Es así como un día pensé que una manera
de sentirme mejor conmigo era usarlo de una manera social y se me ocurre que si
alguien pudiera sacar algo positivo de éste blog yo podría ver que valió la
pena.
Del arquitecto alemán Mies van der
Rohe, tomo la frase con lo que definió al
minimalismo “menos es más” para expresar lo que pretendo de éste blog. En donde
intentaré llenar gigantescos espacios con muy pocas cosas. El nombre de
éste blog no se lo debo a mi imaginación y esto ya muchos los sabrán, sin embargo
quiero hacer uso de las divisas que me confiere ser el nieto de ese gran ser
humano y poeta Aquiles Nazoa, de quien también robaré una frase extraordinaria
extraída de su credo:
“creo en la amistad como el invento más
bello del hombre […] Y en fin,
creo en mi mismo, puesto que sé que hay
alguien que me ama”
Cineasta, cocinero e irreverente
aprendiz de bloguero. Bienvenidos sean
todos a Las cosa más sencillas.
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