En
la escena final de la película La lengua de las mariposas, película que si no
han visto les recomiendo con carácter de urgencia, Moncho el pequeño
protagonista le espeta una sarta de insultos a su profesor cuando a éste lo
detienen por republicano en las vísperas de la guerra civil española. Los
improperios largados por el menor
fueron – ¡Rojo!, ¡ateo!, ¡Tilonorrinco,
espiritrompa!–, estas dos últimas fueron producto de una educación esmerada y
dedicada, y que de una manera muy inteligente el niño le hizo saber su apoyo
moral usando una clave que sólo ellos 2 entendieron.
Es
contraproducente sentir la agudeza literaria en medio de una acto vandálico
como por ejemplo un atraco, en donde la victima una vez pasado el mal momento
le contaba a las autoridades que el maleante en cuestión le amenazaba usando, a
parte de la consabida pistola, "una metáfora" que me pareció digna de un artista;
éste le decía, -no te me pongas comiquita, mira que le metí saldo al yerro-,
traduciré esto de una manera sistemática para que podamos entenderlo. En
Venezuela decir que algo es cómico no siempre quiere decir que es gracioso,
muchas veces se usa en un sentido irónico, por eso decir a alguien que no “se
ponga” cómico, payaso o comediante quiere decir que no intente nada heroico, ya
que el “yerro” (pistola) tiene saldo (Balas), esto último haciendo alusión a
los teléfonos móviles que se les puede meter saldo (ser recargados monetariamente) a través de
tarjetas expendidas por la compañía de teléfonos.
La
facilidad con la que los pandilleros venezolanos inventan ocurrentes frases
para referirse a los asuntos cotidianos de sus propias vidas, en honor a la
verdad, me llaman muchísimo la atención y siento cierto placer culposo por ello.
Sus reflexiones en algunos casos rayan en la genialidad.
No puedo dejar pasar esta oportunidad para contar lo que ocurrió una vez en una reunión de amigos a la que solía asistir todos los jueves en la noche para jugar dominó. Éramos un grupo variopintas que por razones que no recuerdo ahora, habíamos terminado jugando éste innoble juego en una cita semanal. Entre los asistentes había uno que lo apodaban lunar de perro. Nuca me atreví a preguntarle el origen de tan indeseado mote, sin embargo asumía que era por su prominente pelambre. Lunar de perro normalmente fungía como el sano del grupo, siempre se le veía tomando bebidas isotónicas, jugos naturales en infusiones de hierbas aromáticas en lugar de la tradicional cerveza. En una ocasión y luego de verme encender un cigarrillo, Lunar de perro comenzó a concientizarme de lo nocivo que era este feo vicio para mi salud. No dejaba de sacarme estadísticas que me hundían en el fondo más mísero de la insalubridad, además de computar una cuenta infame relacionada con el año en que comencé a fumar versus el valor de una cajetilla de cigarrillos, para llegar a la conclusión de que, si en vez de haber fumado hubiera ahorrado todo ese dinero, hoy en día sería poseedor de un flamante yate. A todos nos invadió el estupor, no teníamos palabras para defender tamaña delación; sin embargo en ese momento uno de los miembros de tan innoble reunión que se llamaba Maiquel le dijo en un acento clásico de pandillero: -Mira Lunar de perro, ¿y tú no fumas?-, lo que enseguida negó rotundamente nuestro apodado amigo, a lo que Maiquel espetó rápidamente, ¿y dónde está tu yate?.
No puedo dejar pasar esta oportunidad para contar lo que ocurrió una vez en una reunión de amigos a la que solía asistir todos los jueves en la noche para jugar dominó. Éramos un grupo variopintas que por razones que no recuerdo ahora, habíamos terminado jugando éste innoble juego en una cita semanal. Entre los asistentes había uno que lo apodaban lunar de perro. Nuca me atreví a preguntarle el origen de tan indeseado mote, sin embargo asumía que era por su prominente pelambre. Lunar de perro normalmente fungía como el sano del grupo, siempre se le veía tomando bebidas isotónicas, jugos naturales en infusiones de hierbas aromáticas en lugar de la tradicional cerveza. En una ocasión y luego de verme encender un cigarrillo, Lunar de perro comenzó a concientizarme de lo nocivo que era este feo vicio para mi salud. No dejaba de sacarme estadísticas que me hundían en el fondo más mísero de la insalubridad, además de computar una cuenta infame relacionada con el año en que comencé a fumar versus el valor de una cajetilla de cigarrillos, para llegar a la conclusión de que, si en vez de haber fumado hubiera ahorrado todo ese dinero, hoy en día sería poseedor de un flamante yate. A todos nos invadió el estupor, no teníamos palabras para defender tamaña delación; sin embargo en ese momento uno de los miembros de tan innoble reunión que se llamaba Maiquel le dijo en un acento clásico de pandillero: -Mira Lunar de perro, ¿y tú no fumas?-, lo que enseguida negó rotundamente nuestro apodado amigo, a lo que Maiquel espetó rápidamente, ¿y dónde está tu yate?.
Los
dejo con los que, a mi parecer son los “no se puede ser más” de la literatura
humorística, los caballeros del humor Les Luthiers.
Recuerdo dos expresiones que he leí alguna vez y que no he podido olvidar:
ResponderEliminarUn tipo está en un semáforo y se le acerca un tipo con un cesta y le dice al chofer:
Oiga señor: ¿Me compra esto? Ipso facto sacó una pistola y se la puso en la mejilla, haciendo que rápidamente este hombre se bajara del coche dejando la cartera en el asiento.
Otra:
En un solo acto a una pareja que paseaba por Chacaito:
¡Tieso ahí! !Bájanse de la mula o los dejo muñeco!
Son terriblemente "geniales"... creo que si usaran ese nivel intelectual para otras cosas más productivas, quizás todo fuera distinto...
ResponderEliminarMe encantó este artículo y el vídeo de Les Luthiers impecable! Un gran abrazo!
ResponderEliminarGracias Berenice... Un beso
ResponderEliminarTampoco tengo yate, pero no por quise si o porque no ahorraré... el video genial, clásico en Les Luthiers
ResponderEliminarbueno todavía estás a tiempo Leo... jejejeje...
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